Llega el invierno, las montañas se tiñen de blanco y la adrenalina empieza a subir. Has decidido que es el momento: comprarás tu propia tabla de snowboard. Entras en la tienda (física u en línea), ves cientos de diseños pasmantes, gráficos que semejan obras de arte y nombres tecnológicos que suenan a la NASA. Es simple dejarse llevar por la